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La Inteligencia Económica y Competitiva

Para obtener ventajas estratégicas con el fin de «ganar la guerra», los servicios de inteligencia de los distintos países utilizaron el espionaje como método para conocer al enemigo, sus técnicas de guerra, sus ventajas armamentísticas, sus debilidades, el comportamiento de sus líderes, su estructura política, su sistema económico y social, entre otros.

Es precisamente a partir de esa necesidad de recabar toda la información importante para tener ventajas sobre el enemigo, cuando los servicios de inteligencia consideraron la posibilidad de actuar igualmente en el campo de la economía, utilizando lo que actualmente se conoce como la «economía de guerra» se trataba de cortar o dañar las fuentes de financiación del enemigo, y con ese fin se establecen sanciones, se obstaculiza el crédito, se intenta influir sobre la cotización de su moneda, incluso se llega a introducir moneda falsa, o corromper a sus líderes. Sin embargo, solo cuando los servicios de Inteligencia se utilizan para mejorar la propia economía y los negocios, solo cuando se orientan hacia la búsqueda del beneficio, es cuando empieza el verdadero desarrollo de lo que hoy conocemos como Inteligencia Económica.

La Inteligencia Económica se convierte en el punto de partida del desarrollo de una serie de otras técnicas, como la Inteligencia Competitiva, orientada más bien a obtener ventajas competitivas y cuyo objetivo principal consiste en la anticipación estratégica. Se trataría pues, de identificar con suficiente antelación las posibles amenazas y oportunidades “presentes y futuras” a una empresa, institución, región, o nación, que le permitieran desarrollar una serie de planes estratégicos con el fin de alcanzar objetivos orientados a mejorar su competitividad.

La planificación económica y competitiva no es posible sin información y sin conocimiento. Por lo que hay que encontrar, seleccionar, y analizar la información relevante, para poderla aprovechar y tomar decisiones estratégicas, identificando las amenazas y las oportunidades con el fin de anticiparse a la competencia para conseguir mejorar la competitividad de la empresa y obtener ventajas de mercado. Se trataría de tener una «visión estratégica del entorno» con la antelación suficiente como para que, una empresa, organización, región o nación, pueda trazar y ejecutar planes que le sitúen por delante de sus competidores.

En la planificación económica y competitiva la clave está en involucrar a todos los agentes económicos y sociales, así como a Instituciones públicas y privadas, desde las Administraciones Públicas, Cámaras de Comercio, Instituciones Educativas, etc. Se trata de promover un modo de actuar y pensar en toda la sociedad, una auténtica política nacional que resalte la importancia estratégica de la competitividad, del estar siempre por delante, tecnológicamente, en el conocimiento, la innovación, el análisis de la información, etc. Hace no mucho fue Japón quien desarrolló un Sistema de Inteligencia Competitiva Nacional, que le permitió copiar todas las tecnologías de los países más exitosos, pero con una visión de conjunto de toda la sociedad. Gracias a ello Japón se convirtió en una potencia mundial. Sin embargo, el proceso no resulta sencillo y no se trata solo de voluntad, sino más bien de cambios estructurales que van desde cambiar el sistema de creación de oferta educativa, hasta cambios en la forma de entender la propia economía y la empresa. Haría falta una verdadera reforma, una reforma estratégica en profundidad sobre cómo queremos que esté diseñada nuestra sociedad en el futuro.

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Gunther Zevallos Avilés.

Profesor en la Universidad de Zaragoza. Dirige y presenta el programa "La vía de la libertad".

Vicepresidente del Proyecto Liberal Español.

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