Sitel. El primer paso hacia el totalitarismo

lunes 9 de noviembre de 2009

«Agresión institucional contra la libertad y contra los derechos fundamentales de las españoles». No puede tener otro calificativo ni otra interpretación, Sitel es un «atentado contra nuestra libertad», y quienes lo han puesto en marcha sin las suficientes garantías es porque desde hace un tiempo, de un modo u otro «persiguen el control de las comunicaciones». El sistema Sitel es capaz de interceptar todas las llamadas de teléfonos fijos y móviles, de sms, así como localizar de dónde se llama, el tiempo empleado en la comunicación, y quienes son la personas que están intercambiando información, incluso a través de Internet. Estamos presenciando el paso previo, o al menos el intento, hacia la plena concentración del poder. El control político del sistema de escuchas sólo es posible en una dictadura.

Si nuestros actuales representantes políticos no son capaces de respetar el derecho a la libertad y secreto de las comunicaciones, el derecho a la privacidad y la intimidad de las personas, el derecho a la protección de datos, o el derecho a disponer de una información independiente, el derecho a una igualdad real ante la ley que signifique que los mismos delitos tienen las mismas penas y que todos tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones, entre otras cosas, ¿por qué no podemos pensar los ciudadanos que esto cada vez más se parece a una dictadura encubierta o a alguna pantomima de democracia? Y tras los sucesivos escándalos políticos por apropiaciones indebidas, ¿por qué no vamos a pensar que nuestros actuales representantes políticos en su gran mayoría sólo están para vaciarnos los bolsillos, en vez de para defender nuestros intereses?

Independientemente de lo que piensa el actual Gobierno socialista, o de lo que en su momento pensaba el PP cuando estuvo al frente del Gobierno y no reguló el funcionamiento de Sitel, y que ahora exige con vehemencia. Independientemente de todo, ambos partidos políticos tienen la misma responsabilidad porque ambos supieron de su existencia y no han hecho nada para garantizar los derechos y libertades civiles de los ciudadanos, o al menos no lo suficiente para controlar un posible uso fraudulento del sistema de escuchas. O los actuales responsables del PP son «tontos de capirote», y sólo cuando le ven las orejas al lobo deciden actuar, o es que «nos toman a todos por imbéciles». Ni que decir del Gobierno, pero su actuación se entiende aún más, pues el socialismo se caracteriza por ser un sistema intervencionista que pretende controlar al ciudadano y suprimir su voluntad, y para ello no duda en utilizar todo el poder coercitivo que el poder le ofrece, aunque sea de forma arbitraria, porque su fin último es modificar el orden social a cualquier precio.

Puede que el sistema Sitel sea legal, de hecho lo es, por el simple hecho de estar regulada por una ley ordinaria (Real Decreto, o decretos leyes para otros países), pero esto no es suficiente. En muchas dictaduras también han habido leyes de este tipo e incluso de rango superior, pero totalmente arbitrarias y que se saltan a la torera todos los derechos fundamentales de las personas. Los ciudadanos deberían tener claro que lo que distingue una dictadura de una democracia es el grado de compromiso de sus políticos y las garantías que las leyes que promulgan otorgan a nuestras libertades fundamentales y derechos civiles. Y en este caso, como en muchos otros, al margen de que el uso de las escuchas pueda justificarse en que su cometido es capturar malhechores, los ciudadanos tenemos que ser conscientes que de un tiempo a esta parte, con ese mismo argumento estamos perdiendo progresivamente libertades.

Los ciudadanos estamos totalmente desprotegidos frente a un Gobierno y una oposición que tienen o tuvieron, todos los medios del poder como para impedir que se pusiera en marcha este sistema de escuchas sin las garantías suficientes. Son ellos, los políticos actuales, a quienes hemos elegido supuestamente para que velen por nuestras libertades individuales, entre otras cosas, y no para que acaben por conculcarnos nuestros derechos fundamentales. ¡Los partidos políticos deben rectificar y de inmediato! Deben apoyar una Ley que regule los posibles abusos que se puedan dar con el sistema Sitel. Nuestros jueces tienen el deber y la obligación moral de impedir por todos los medios su utilización fraudulenta, deberían investigar concienzudamente todas las actuaciones realizadas hasta el momento con este sistema de escuchas y hasta que el asunto no haya sido perfectamente regulado, impedir que se siga utilizando sin previo mandato judicial. Es la única manera de garantizar nuestros derechos ciudadanos y recuperar parte de la fe en el sistema. No hay que olvidar que bastante controlados estamos ya. Recordemos que hoy mismo vence el plazo para entregar nuestros datos necesarios para poder seguir haciendo uso de los teléfonos móviles de pre-pago, que con el DNI electrónico pueden saber todo lo necesario acerca de nosotros, ni que decir de nuestros datos fiscales, seguridad social y demás. Ya es hora que los ciudadanos empecemos a llamar las cosas por su nombre.

Gunther Zevallos
Secretario Gral pCUA

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Mala gestión socialista del presupuesto y el endeudamiento público

sábado 10 de octubre de 2009

Cuando en los Presupuestos Generales del Estado las cuentas de gastos superan a las cuentas de ingresos, se obtiene un déficit presupuestario y, por tanto, una necesidad de financiación que debe cubrirse casi en su totalidad mediante endeudamiento público.

El problema es que si el endeudamiento es creciente, los pagos por principal e intereses de la deuda también crecerán tarde o temprano, y se convertirán en los gastos del Gobierno de períodos posteriores, además de ser un obstáculo adicional para mantener los déficits bajo control. Si al mayor endeudamiento añadimos unos tipos de interés en alza, las dificultades de cualquier Gobierno para hacer frente a estos pagos y utilizar activamente la política fiscal se multiplican, pues resulta cada vez más difícil refinanciar esas deudas debido a que comprometen buena parte del gasto público, más aún si la economía se encuentra en una fase de recesión, en donde elevar los impuestos no es garantía de una mayor recaudación y puede ser contraproducente y, probablemente nefasto, pues repercute negativamente sobre el consumo, la producción y el empleo.

Cuando una sociedad se apoya excesivamente en la intervención pública, los resultados económicos no suelen ser brillantes. Una sociedad donde la participación del Estado en la economía sea importante corre el riesgo de cometer excesos e ineficiencias. Lamentablemente en España, el socialismo y en general toda la izquierda, siguen buscando cambiar la composición de la economía, concediendo cada vez más importancia al sector público en detrimento del sector privado.

El Gobierno español ha elegido la manera más fácil de ajustar sus excesivos gastos públicos de consumo y de remuneración de sus asalariados principalmente, y es, intentando conseguir mayores ingresos mediante impuestos sobre la renta y patrimonio (que afectan a las personas físicas), y otros como el caso del IVA. Además, los Presupuestos Generales del Estado presentados por el ejecutivo son «irreales», no porque quienes lo han formulado no sepan que se traen entre manos, no. Lo son porque en su elaboración se considera que habrá un déficit, muy por debajo de lo que prevén algunas instituciones y organismos tanto nacionales como extranjeros, como el FMI dirigido por el socialista Dominique Strauss-Kahn, para incomodidad de algunos, pues prevén que este año el déficit alcanzará el 12,3% y no el 9,5% que afirma el Ejecutivo; mientras que en 2010, no sólo no se reducirá al 8% como afirma la Ministra Salgado, sino que rondará el 12,5%. Y debo confesar que me merece mayor confianza la previsión presentada por el FMI, a pesar de haber sido realizada antes de la presentación de los presupuestos de 2010, quizás porque estos presupuestos tienen adolecen de graves deficiencias.

Para empezar, los Presupuestos Públicos presentados por el Gobierno son irreales porque se quedan cortos en su predicción. En esta situación, el Estado se verá obligado (de no cumplirse sus previsiones) a conseguir ingresos adicionales para alimentar su desmesurado apetito de gasto, o bien a elevar nuevamente los impuestos, o bien su endeudamiento. Algunos creen, y esperemos que no sea así, que el Gobierno puede tener la tentación de meter la mano en la caja de la Seguridad Social, lo que sería aún más grave pues pondría en grave riesgo el futuro de las pensiones.

La mayoría de expertos coincidimos con el FMI, en su afirmación de que el déficit público, el déficit exterior, y el deterioro de la economía española, son de tal magnitud, que la única salida a la crisis provendría de una fuerte contracción del gasto, pues no sólo resulta más efectiva para reducir el desequilibrio, también para reducir la presión fiscal que soportamos todos los ciudadanos y las empresas. La razón económica es muy simple, un incremento en los impuestos puede perjudicar a cualquier débil indicio de recuperación, porque afecta al consumo y por consiguiente a la demanda de la economía, lo que se traduce en una menor producción y empleo.

No me extraña en absoluto que la economía vaya tan mal, pues para la izquierda se ve que los elevados déficit no constituyen ningún problema, ni les quitan el sueño. No me extraña después de haber oído verdaderas barbaridades económicas en mucha gente de la izquierda supuestamente culta, pero ninguna como la de quienes incluso creen que el problema del déficit se solucionaría rápidamente emitiendo más dinero. Es decir, poniendo en funcionamiento la maquinita de imprimir dinero. Menos mal que eso ya no es posible, afortunadamente, pues sus efectos serían nefastos para nuestra economía, como lo sería para cualquier otra. Sería algo así, como si ante las dificultades monetarias de las familias todas ellas pudieran emitir su propio dinero. Si un Gobierno hiciera eso mismo, ya nos podríamos ir olvidando del dinero, pues este perdería todo su valor.

Quizás sea necesario explicar que si la autoridad monetaria ha incrementado la liquidez (oferta de dinero), no lo ha sido precisamente emitiendo dinero, o al menos no sin el respaldo de títulos negociables (certificados de deuda y otros títulos, como letras bonos, pagarés, etc.), que se han intercambiado con la banca a cambio de dinero, en lo que los economistas conocemos como operaciones de mercado abierto. Además, el incremento de la oferta monetaria por parte del BCE no apunta precisamente a conseguir financiar a los Estados para que puedan seguir elevando su gasto, más bien tiene la finalidad de solucionar los graves problemas de liquidez del sistema, originada como consecuencia de la grave crisis financiera internacional, aunque la solución es absolutamente transitoria, y al menos a corto plazo se utiliza para mejorar la producción y el empleo, pudiendo las economías demandar más bienes y servicios sin que tengan que reducir su gasto. El problema en España, es que esa liquidez que utilizaba el sector privado para demandar más, se ha dirigido forzosamente hacia al sector público a través de la política fiscal. Es decir, que en vez de animar la economía a través de reducciones en los impuestos, para dejar que el sector privado siga haciendo lo que sabía hacer bien, se ha trasladado hacia los aumentos del gasto público, y así nos ha ido.

El asunto no queda ahí, lo cierto es que, una vez que el crecimiento de las principales economías europeas se vaya despejando y sea suficientemente consistente, lo más probable es que la autoridad monetaria ordene restringir nuevamente la liquidez del sistema (vendiendo certificados y otros títulos negociables a los bancos), porque de mantenerla alta podría provocar inflación. Esto significa que el BCE elevará los tipos de interés y reducirá la cantidad de dinero, tarde o temprano, con el consecuente efecto negativo sobre nuestra demanda, y por tanto, sobre nuestra producción. Además, un problema añadido para la economía española, es que nuestro Gobierno no se ha aprovechado en su momento de la expansión monetaria, al haber restringido la liquidez del sistema mediante la venta a los bancos deuda pública, con el único fin de seguir gastando, es decir, ha retirado la liquidez que le hacía falta al sector privado para dársela al sector público. Precisamente, esta puede ser una razón más que subyace en el cúmulo de errores de política económica del Gobierno y que hacen que nuestra economía se vea rezagada para salir de la recesión.

En resumen, la política de «empecinamiento en el endeudamiento público» del Gobierno de España, está alargado nuestra crisis y, si el BCE como es previsible en el medio plazo eleva de los tipos de interés, esto aletargará aún más nuestra recuperación, porque restringirá nuestra demanda interna, a pesar del efecto positivo sobre la demanda de nuestros productos en el exterior que puedan ejercer sobre nuestra economía el crecimiento de los principales países de la Unión Europea y principales socios comerciales. Así que, en cualquier caso, unos más altos tipos de interés no ayudarán ni al consumo ni la inversión, ni por supuesto al empleo en España, si antes no se ha realizado el cambio de rumbo necesario en la política económica y, si para aquel entonces, nuestra economía aún no ha salido de la recesión.

Gunther Zevallos
Secretario Gral pCUA

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Operación de maquillaje del PSOE en política económica

martes 29 de septiembre de 2009

Lo veíamos venir, finalmente el Gobierno se convierte en el enemigo número uno de las clases medias, tras aprobar este sábado 26 de octubre el proyecto de ley de Presupuestos para 2010. No, no serán las clases altas las que carguen con el esfuerzo de la subida de impuestos, serán las clases medias, y para ser más precisos fundamentalmente todas aquellas personas cuyas rentas oscilen entre los mil y los dos mil quinientos euros mensuales, a pesar de lo que nos quiera vender la manipuladora Ministra de Economía y el Gobierno de su Presidente Rodríguez Zapatero. Los españoles tendremos que pagar más impuestos, tanto por trabajar (tras la eliminación de la deducción de 400 euros en el IRPF), como por ahorrar y por consumir.

Hay un elemento a considerar clave en el desarrollo de la economía española, y una de las razones por la que la economía española adolece de algunos de sus desequilibrios importantes, que nos han llevado a la situación actual de recesión económica, y es ciertamente el que tiene que ver con la falta de ahorro, precisamente lo único que no se debía haber tocado en la situación actual si lo que se quiere es garantizar la liquidez interna de la economía, salvo claro está que se pretenda seguir endeudando al país. Pues bien, el Gobierno español sigue sin encontrar el norte. Su política es de hacer lo contrario a lo que se debe hacer en política económica, en este caso castigando el ahorro, tanto de los depósitos, como en fondos o acciones. El banal y falaz argumento es que, con esta política se conseguiría recaudar más de los ricos, como si no supiéramos todos, o al menos los economistas, que para conseguir recaudar de las grandes fortunas en España, donde realmente hay que meter mano es a los privilegios que mantienen las SICAV (sociedades de inversión colectiva), el verdadero coladero de impuestos donde se refugian las grandes fortunas para eludir al fisco.

Es lamentable que la política de este Gobierno sólo busque engañar al ciudadano, mentir, y manipular permanentemente, insultando a nuestra inteligencia. Esta política no es para pagar las pensiones, ni otras cosas que dicen los socialistas, es para pagar el despilfarro y sostener el déficit, y para mantener un Gobierno inútil en política económica, e incapaz de llevar el timón de la economía, como es el del PSOE que nos arrastra a todos directamente hacia el acantilado. Su política impositiva es un verdadero desastre para el país, que nos aleja lamentablemente de la tan ansiada recuperación al menos durante varios años. Después de esta política nefasta, que no digan que no se les advirtió, que no digan que nadie lo sabía, ni lo podía prever, que no digan como cuando en su momento se les advirtió de la crisis que se nos avecinaba.

No sólo vamos a pagar más impuestos en la declaración de la renta, sino que también deberemos pagar más por nuestro consumo, al tener que pagar más IVA. Que sus medidas son «transitorias y limitadas», ya se verá, que durarán en el mejor de los casos «al menos hasta 2012», era de esperar. ¡Qué casualidad, próximos a las siguientes elecciones generales! De todas maneras, al paso que vamos todas las predicciones del Gobierno acabarán en el vertedero. Lo lamentable de todo esto, es que nos arrastren a todos, y en especial a las clases medias y bajas. La política socialista sólo busca objetivos electoralistas más que el bienestar de sus ciudadanos. Lo que no saben ustedes señores del Gobierno, es que lamentablemente la crisis y el desempleo se mantendrán más allá de esta fecha, porque aunque la renta no caerá tanto estos próximos años, sí que seguirá cayendo y creciendo el desempleo, sencillamente porque ustedes hacen justo lo contrario a lo que la lógica económica aconseja. Y en cuanto el resto de economías europeas empiecen a crecer, probablemente en un principio aliviarán nuestra economía, aunque sólo a nivel macroeconómico por la mayor demanda externa, pero, el consumo y el empleo en España no mejorarán.

Más le valdría al gobierno socialista aprender de Alemania, que va a bajar los impuestos y reducir el gasto de consumo público. Qué suerte la de Ángela Merkel que ahora puede «gobernar con los liberales». Lástima que nuestro Gobierno no quiere reconocer que la única esperanza de salir de esta crisis es aplicar políticas liberales. Francia y Alemania ya lo están haciendo. Y cuando esas economías vuelvan a la senda del crecimiento, y los tipos de interés suban, como es lo que hay que hacer; como nuestra economía aún seguirá en recesión, lamentándolo nuevamente, nos pillará como de costumbre con el pie cambiado. Los mayores tipos de interés se convertirán en una pesada losa para todos aquellos países europeos, que, como el nuestro, no hagan sus deberes y se empecinen en las anacrónicas políticas keynesianas, de «pan para hoy y hambre para mañana».

Señores del Gobierno, de la crisis no se sale con argumentaciones ideológicas, o con llamamientos a la solidaridad, sino con criterios económicos claros, objetivos y pragmáticos. Cuánta falta hace en nuestro país que la izquierda se adapte a la realidad, que al menos intenten ilustrarse en economía y que abandonen las soluciones económicas cargadas de ideología inútil, de populismo bananero, al menos por el bien de todos los ciudadanos que somos quienes sufrimos las consecuencias de su incompetencia. Señores del Gobierno, señora Salgado, parece ser que ustedes creen que la economía sólo se basa exclusivamente en la confianza, y por lo tanto, se entregan libremente al populismo barato. Lamento decirles, que lo cierto es que la economía no pertenece al campo de estudio de la psicología, esto no es así. La magia económica no existe, las imprudencias sí. Su Gobierno está muy equivocado si piensa que la solución a la crisis es incrementar los impuestos al ahorro y al consumo privados, ya que la economía española precisamente necesita estimular ambos, y cuanto antes. Es de sabios rectificar, más aún si lo que está en juego es el empleo de los ciudadanos españoles y el futuro económico de España.

Gunther Zevallos
Secretario Gral pCUA

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